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Nuestros pensamientos son la causa y lo que experimentamos el efecto

“El oponente que habita en la cabeza del propio jugador, es más formidable que el que hay al otro lado de la cancha”  Timothy Gallwey.

Cuando se habla de estabilidad y felicidad en el trabajo, en el ejercicio de una profesión y en las relaciones familiares, casi nunca se repara en la influencia que los pensamientos y sentimientos de cada persona ejercen en esa estabilidad o felicidad. Desde hace mucho tiempo estoy convencida que nuestros pensamientos son la causa y lo que sentimos y experimentamos es el efecto. Nuestra cabeza es como una estación de radio que emite mensajes sin descansar y se estima que generamos aproximadamente sesenta mil pensamientos al día. Lamentablemente también se estima que el ochenta por ciento de esos pensamientos son negativos.

La vida tiene sus altos y sus bajos y no siempre nos toca vivir cosas agradables, pero siempre podemos elegir lo que sentimos y como enfrentarlo. Entrenar otra forma de pensar es el primer paso. No es fácil luchar a diario con el oponente que habita en nuestro interior, pero debemos elegir nuestras batallas de forma inteligente y consciente y preguntarnos si vale la pena que pasemos rumiando todo el día ese pensamiento, y si ese pensamiento me ayuda a avanzar y lograr mis metas, pues muchas veces las historias que creamos en nuestra cabeza son más grandes y trágicas que nuestra realidad. 

Preocuparnos mata nuestra creatividad y nuestra felicidad, nos bloquea. Es como una nube gris que no nos deja ver más allá y nos limita el poder apreciar el abanico de oportunidades y posibilidades que siempre están en el exterior.  No permitas que un pensamiento secuestre tu mente durante todo el día; solo te agotará, te frustrará y hará que pierdas tu balance y armonía. Como dijo San Francisco de Asís, “En realidad no tienes enemigos, excepto tu mismo”

Estar conscientes de quién controla nuestros pensamientos es un gran paso. Tirar al cesto de la basura los pensamientos negativos que no nos llevarán a nada y que solo nos infundirán miedo, frustraciones e inseguridades, así como lo hacemos en nuestras computadoras con los elementos inservibles, es una práctica que podemos convertir en un buen hábito.  No importa cuanto te esfuerces en el exterior, ni cuantos logros y éxitos has acumulado si pierdes tu paz y armonía interior, pues todo aquello por lo que has luchado no tendrá sentido y te hará sentir vacío.

Si tu diálogo interior cambia, cambiará la forma en la que ves la vida. Los seres humanos funcionamos como un triángulo mágico compuesto de pensamientos, sentimientos y acciones. Lo que piensas se transforma en emociones y tus emociones te conducirán a tus acciones.

Tu tienes el control de tus pensamientos y tu puedes elegir que pensamientos te hacen feliz y te hacen ser una mejor persona. Por eso debes elegir tus pensamientos de una forma muy cuidadosa e inteligente. Solo tú decides qué quieres hacer con tus pensamientos y cómo enfrentar las diferentes situaciones que la vida nos presenta.

Tira al cesto de la basura lo que te roba energía, lo que te hace perder tu paz y felicidad. Eres el dueño de tu mente y de tus emociones, no el inquilino.